15MNo hay más. Si se quiere conectar con la gente hay que dejar hablar a la gente. Hay que devolver al soberano la soberanía, dejarse de despotismos representativos y hay, por lo tanto, que articular los mecanismos necesarios para que eso sea una realidad.

Si se reformó la Constitución para garantizar a los acreedores que los españoles se quitarían el pan de la boca para pagar los intereses de esa deuda que compran con dinero regalado o inexistente, con mejor motivo se deberían hacer las reformas que garanticen que, ya que tienen la boca vacía y no la pueden usar para comer, puedan, al menos usarla para expresar su opinión y sus deseos.

Bienvenidas las resoluciones y bienvenidos los avances que puedan permitir que se abran tragaluces por los que se ventilen algunos rincones putrefactos. Bienvenidos sean, pero hay que hacer huecos más grandes. Hay que abrir ventanales a través de los cuales no sólo entre el aire sino que permitan también ver las caras de la gente y oír sus voces.

Pero eso no se consigue sólo con palabras en un documento de cientos de páginas sino que se consigue haciendo ya las propuestas, buscando ya los apoyos, debatiendo ya y aprobando ya los mecanismos que lo permitan.

[pullquote align=”right”]hay pocas cosas más urgentes y más baratas que dar la palabra a los ciudadanos[/pullquote]Está muy bien elaborar un enorme catálogo que abarca toda la realidad hasta el infinito y más allá, pero hoy y ahora es necesario fijar las prioridades y su calendario y seguro que hay pocas cosas más urgentes y más baratas que dar la palabra a los ciudadanos.

Hoy y ahora eso se consigue permitiendo que esos ciudadanos puedan plantear iniciativas legislativas posibles de articular y con las ayudas necesarias para ello. No puede ser por más tiempo una tarea inabarcable para los ciudadanos corrientes el querer llevar al parlamento lo que se siente como una necesidad sólo porque hay un catálogo de materias prohibidas y porque los requisitos y costes que se precisan disuaden en vez de fomentar.

No puede entenderse por más tiempo que la opinión mayoritaria expresada en referéndum y en legal forma no deba vincular a unos poderes públicos que sólo pueden estar legitimados si atienden esa opinión mayoritaria.

No puede sustraerse por más tiempo al conocimiento del soberano el destino concreto y exacto de los bienes y caudales públicos  de forma ágil y sencilla, despojada de lenguajes tecnocráticos y sin que sean necesarios conocimientos fuera del alcance de la gente común.

[pullquote]Democracia representativa, si. Partidos políticos, por supuesto. Pero también democracia participativa[/pullquote]Democracia, en definitiva. Y adaptación de las estructuras institucionales a nuevas realidades que puedan expandir la participación ciudadana fuera del rito cuatrienal. Democracia representativa, si. Partidos políticos, por supuesto. Pero también democracia participativa y partidos conectados con movimientos y agrupaciones que, a su vez, representan ciudadanos.

Cuesta mucho reconocer errores y cuesta aún más averiguar que sólo puedes superarlos a fuerza de renunciar a lo que, en algún momento, creíste dogma de fe. Y es importante decir que hay que volver a los conceptos y principios que fueron seña de identidad y dejamos atrás cegados por el oropel. Por eso se aprecia el esfuerzo y por eso no se pierde del todo la esperanza.

Pero hay más y es también muy importante: hay que abrir la puerta del castillo, levantar el rastrillo y bajar el puente levadizo para que en él pueda entrar el pueblo, el soberano. En el castillo se está de alquiler o, más bien, en precario y no es, por tanto, la fortaleza en que parapetarse mientras la gente queda extramuros como si fuera una realidad aparte.

Y otra cosa. Desde la fortaleza se puede otear por dónde viene el enemigo, pero también sirve para ver de dónde vienen los refuerzos.

Juan Santiago