fernandezprendesPara cumplir con la tradición, en el día de Todos los Santos del año de gracia de 2013, Rosa Díez se puso el disfraz de sepulturero y dio tierra al acuerdo de gobernabilidad que unía a UPyD con el Partido Socialista en Asturias.

Por cierto, no se si queda muy bonito que la ruptura de un acuerdo regional se escenifique lejos de su ámbito territorial, evidenciando un tic “orgánico” muy parecido a esos que, según ella, practican los adalides del bipartidismo.

Es curioso que la razón aparente de la ruptura haya sido precisamente ese escoramiento del PSOE hacia los supuestos intereses de las grandes formaciones que pretenden perpetuar esa bipolaridad. Y digo que es curioso porque Asturias, comunidad uniprovincial, reducida en tamaño y en cuerpo electoral, presenta una estructura parlamentaria que es, en términos relativos, de las más complejas de España (cinco formaciones en el parlamento) y tiene una abundante tradición de gobiernos en minoría y en coalición. Por otro lado, Asturias es uno de los territorios en los que más en cuestión se ha puesto el modelo bipartidista, con la derecha partida en dos, con un PSOE renqueante, con una Izquierda Unida apostando por el sorpasso y la aparición, no sabemos si para quedarse, de UPyD.

Esa es la realidad y ese es el escenario laberíntico sobre el que se ha desencadenado una crisis que tampoco se puede decir que haya sorprendido a nadie, teniendo en cuenta que los tiempos electorales empiezan a aparecer en el horizonte.

Y, en relación con esa crisis, dos son los aspectos sobre los que reflexionar: Las causas y las consecuencias. O, lo que es lo mismo: el por qué y el ahora qué.

La causa supuestamente inmediata la ha puesto de manifiesto la propia Rosa Díez y reside en el voto en contra del PSOE a la toma en consideración de la reforma de la ley electoral asturiana que habían suscrito las tres formaciones que sustentaban el gobierno. Ciertamente, no deja de ser chocante que se vote en contra de una proposición propia, pero hay que centrarse en determinar si ese voto en contra supone, de verdad, la ruptura socialista del acuerdo de legislatura firmado con UPyD.

[pullquote]el texto del acuerdo es meridianamente claro al establecer la necesidad de una mayoría reforzada”[/pullquote]A este respecto, creo que el texto del acuerdo es meridianamente claro al establecer la necesidad de una mayoría reforzada: “promoveremos la inmediata constitución de una Comisión Especial para la evaluación del sistema electoral asturiano y el diseño de medidas que puedan desembocar en una reforma del mismo si goza de un amplio consenso político que, en el seno de la Junta General, se concretaría en una mayoría reforzada”.

Cosa bien distinta es entender, como yo creo, que la reforma propuesta debería considerarse perfectamente asumible por el Partido Socialista y que su contenido cumple, además, de manera escrupulosa tanto con el espíritu como con la letra del propio acuerdo.

Sinceramente, creo que no hay nada en dicha reforma (sensata y limitada) que no pueda o, incluso, que no deba ser aprobado por un partido de corte progresista. Da la sensación, además, de que, tanto por parte de UPyD como de Izquierda Unida, se ha hecho un esfuerzo más que notable por acercar posiciones hacia el bando socialista.

Por otra parte, siempre tengo la sensación de que los “amplios consensos” están sobrevalorados y de que, en la mayor parte de las ocasiones, su exigencia viene a esconder, en realidad, el deseo de mantenerse en posiciones inmovilistas por razones meramente estratégicas.

Llegados a este punto, la siguiente pregunta debería referirse al modo en que se ha gestionado esta crisis por parte del partido mayoritario que aspira a mantener el gobierno. [pullquote align=”right”]“la ruptura del acuerdo de gobernabilidad no llega en el mejor momento”[/pullquote]Vista la situación es evidente que la ruptura del acuerdo de gobernabilidad no llega en el mejor momento. Y no lo digo por la cuestión presupuestaria teniendo en cuenta que, a estas alturas, nadie contaba con un escenario distinto a un presupuesto prorrogado. No. El peor momento viene referido al contexto interno tanto a nivel federal como a nivel regional. A una semana de la Conferencia Política que, supuestamente, ha de suponer el relanzamiento del proyecto socialista y que cuenta ya con el debate interno referido al proceso de primarias y a la postulación de distintos relevos, el hecho de que quiebre uno de los pocos ejemplos de mantenimiento de gobierno socialista, no es plato de gusto ni para Rubalcaba ni para Javier Fernández, que es uno de sus apoyos básicos, y necesariamente, ha de poner sobre la mesa la cuestión de las alianzas y la capacidad para llegar a ellas y mantenerlas.

Pero si esos inconvenientes se plantean a nivel federal, tampoco es mejor el momento desde el punto de vista regional porque refleja de modo indiscutible una sensación de debilidad en una organización cuyas bases asisten atónitas a espectáculos como el sainete de Cudillero ante el que la dirección se ha enrocado sin que aparezcan responsables de tamaño desastre organizativo. No parece, por tanto, que haya habido un manejo razonable, cuando menos, de los tiempos y de los principios.

Pero lo importante es el ahora qué. Dejando a un lado los voluntarismos y las declaraciones oficiales, a nadie se le puede escapar que afrontar año y medio con 17 diputados de 45, sin apoyos claros y definidos, es una tarea poco menos que imposible, sobre todo teniendo en cuenta que hay otro proceso electoral en medio del camino, además de dos presupuestos. Poder llegar así a la meta del 2015 supondría tener la capacidad de hacer encaje de bolillos de la mañana a la noche y contar para ello con las mejores palilleiras y las mejores complicidades en fuerzas políticas que puedan apoyar.

Y así llegamos al punto culminante: las alianzas. Está claro, a mi modo de ver, que no hay forma de salir del laberinto en fila india, uno detrás de otro y que la salida sólo puede aparecer sumando fuerzas. Eliminado el abrazo del oso que propinaría la derecha y que, con toda seguridad, no iba a ser asimilado por bases y simpatizantes, sólo queda mirar a la izquierda y esperar que Prendes sea sensato y no se apunte él al abrazo. El problema está en el daño que se haya producido en los puentes y la capacidad de unos y otros para tener las metas claras y tapar los boquetes.

Y una cosa más. Al final de todo esto hay un millón de ciudadanos con problemas reales y con ideologías concretas. Ciudadanos mosqueados y predispuestos al no nos representan. Aquel que ponga sus estrategias por encima de esto que se lo haga mirar porque saldrá con daños graves en la sala de máquinas. Alguno, incluso, es posible que se hunda

Juan Santiago