barcenas 2Leo estos días con cierto estupor que Luis Bárcenas, además de negarse a declarar ante el Juez Ruz, se negó a realizar cuerpo de escritura que permitiera llevar a cabo una prueba pericial caligráfica para determinar si sus famosos “papeles” fueron escritos por él.

Y digo que con cierto estupor porque da la sensación de que tanto la negativa a declarar como la negativa a prestarse a la prueba caligráfica fueran equiparables.

Mi estupor aumenta cuando leo que podrían existir informes de peritos calígrafos que afirmarían que la escritura que realizó Bárcenas ante la Fiscalía Anticorrupción “no era espontánea”, es decir, que falseó deliberadamente su letra para impedir que pudiera ser analizada y permitiera un dictamen concluyente.

La cuestión de la negativa a prestarse a formar cuerpo de escritura es absolutamente pacífica y está resuelta por la Sala II del Tribunal Supremo, por ejemplo en Sentencia de 26 de diciembre de 2008, en el sentido de que no es equiparable con la negativa a prestar declaración.

Afirma textualmente el TS “que prestarse a realizar un cuerpo de escritura para que sea sometida a contraste con otros que ya constan incorporados para comprobar su autenticidad o identidad, no es igual que obligar al interesado a emitir una declaración reconociendo su culpabilidad”.

Y es muy interesante la mención que lleva a cabo la propia Sentencia del Dictamen 8239/74 de la Comisión Europea de Derechos Humanos en el sentido de que “declarar que la posibilidad ofrecida al inculpado de probar un elemento que le disculpe no equivale a establecer una presunción de culpabilidad contraria a la presunción de inocencia, puesto que, si puede parecer evidente que, siendo positivo el resultado de la prueba, puede derivarse una sentencia condenatoria, tampoco lo es menos que este mismo examen, si fuera negativo, puede exculpar al imputado”.

Es decir que, aún siendo evidente que el Juez no puede obligar físicamente a Bárcenas a realizar la prueba, no es menos evidente que la negativa debe ser considerada como un indicio de gran fortaleza, casi podríamos decir que próximo a la confesión, sobre todo si lo ponemos en conexión con el otro elemento al que hacíamos antes referencia, en el caso de ser cierta la existencia del informe que pone de manifiesto la “falta de espontaneidad” del imputado.

Y eso sin contar con el necesario análisis que debería llevar a cabo la propia Fiscalía, y el mismo Juez de oficio, sobre las consecuencias jurídico-penales que podría, además, acarrear la voluntaria y dolosa manipulación de la propia escritura para impedir que la prueba se puede realizar con garantías.

Por otro lado, también parece evidente que la existencia de esos fuertes indicios podría llevar consigo la adopción de determinadas medidas en relación con el imputado que, en casos menos relevantes y por indicios menos poderosos, se producen a diario.

Quizás todo esto lo que pone de manifiesto es una cierta facilidad para el señor Bárcenas en este tránsito tan peculiar que está teniendo por los tribunales, sobre todo si tenemos en cuenta que nos encontramos ante un procedimiento de una enorme trascendencia desde el punto social y político que podría necesitar de un impulso algo más enérgico y eficaz.

¿Alguien recuerda la actuación del juez Marino Barbero en el caso Filesa?

Juan Santiago