guindosRajoy acaba de rechazar la posibilidad ofrecida por el PSOE para financiar, con cargo al excedente no usado en el rescate bancario, el plan de reactivación económica que ha propuesto, arguyendo que eso implicaría asumir “condicionalidades macroeconómicas” que supondrían algo parecido al rescate financiero que, según él y gracias a sus políticas, se ha evitado.

Por su parte, el ministro de Economía, en una comparecencia en el Senado a finales de noviembre pasado, afirmó que el coste de la financiación para “la inyección de capital a la banca” se situaría claramente por debajo del 1%. Vamos, que el rescate bancario, en realidad era un préstamo buenísimo en el que, al final, íbamos a acabar ganando dinero.

Lo de Rajoy es muy bueno porque parece querer decir que lo que se puso a disposición de España (100.000 millones de euros) no llevaba ninguna condición macroeconómica mientras que la propuesta de Rubalcaba no se podría llevar a cabo sin ellas. O lo que es lo mismo, hasta ahora no ha habido rescate y lo que propone el PSOE es, precisamente,  que se produzca.

Lástima para él que los intentos por confundir, al igual que las mentiras, tengan las patas muy cortas y, a estas alturas, ya nadie crea casi nada.

Basta una lectura muy somera del “Memorando de entendimiento sobre condiciones de política sectorial financiera” (ver Memorando), es decir, el condicionado que se nos impuso para poder disponer de los dineros, para darse cuenta de que las condiciones macroeconómicas ya existen y están claramente establecidas desde el primer párrafo de dicho Memorando. No hablamos sólo de aspectos bancarios sino de finanzas públicas, desequilibrios macroeconómicos, reformas estructurales muy concretas y envío de misiones de control.

O sea, que si, por un lado, las condiciones macroeconómicas ya están impuestas (evidentemente, habría que negociar) y, por otro lado, los costes del famoso préstamo son tan favorables ¿por qué no tratar utilizarlo en un plan de reactivación que, además, pudiera corregir desequilibrios y dotar a las empresas de financiación, con lo que ello supondría en crecimiento de PIB, empleo, consumo y recaudación tributaria?

Y la pregunta básica: ¿por qué el Gobierno puede hacer un esfuerzo de gestión y negociación en pro del sector financiero, culpable directo de la crisis, y no puede hacerlo de igual modo para favorecer las condiciones económicas de amplias capas de la sociedad que la están sufriendo?

Eso es lo que tiene que contestar el Gobierno mirando a la cara a las gentes que lo pusieron ahí engatusados con propuestas que se sabían falsas.

No sé en estos momentos si las propuestas llevadas a cabo tanto por el PSOE como por IU son plenamente viables y si, realmente, son la salida que necesita este país, (tiempo habrá de comprobarlo) pero me parece evidente que el desdén por el desdén y el despotismo desilustrado que supone ofrecer contratos de adhesión, está de más a estas alturas. El tiempo se acaba.

Ángel Cano