Yo creo que los monárquicos españoles se han vuelto locos y han decidido acabar con la institución ellos solitos. Claro, que buena parte de la culpa de esa eventual liquidación de la monarquía hay que apuntársela a la propia Corona y a quienes desde la Casa del Rey podrían tener la obligación de velar por la imparcialidad y neutralidad política de una institución cada día más cuestionada por una parte del soberano, es decir, del pueblo.

Sólo al que asó la manteca se le podía ocurrir que, con la que está cayendo y actuando por primera vez en funciones prácticas de Jefe de Estado, el heredero pronunciase en Panamá un discurso lleno de los mismos lugares comunes y las mismas predicciones esotéricas que contienen las intervenciones partidistas de Rajoy y sus ministros, obviando no sólo la realidad de un país empobrecido, sino el conjunto de las visiones políticas del resto del arco parlamentario.

Doy por supuesto que el susodicho discurso fue directamente escrito por las huestes de Moragas y que así se le entregó al Príncipe, pero dice muy poco tanto de éste como de sus consejeros por la poca personalidad que supone asumir sin rechistar, sin matizar y sin corregir lo que no es más que propaganda partidista.

Repasemos alguna de las frases contenidas en la intervención:

“Aunque persiste una elevada tasa de paro, España ha recuperado la competitividad, la productividad se ha incrementado sensiblemente y tenemos un sector financiero más solvente y eficiente”

Hombre, no es que tengamos una “elevada” tasa de paro. Es que España tiene el dudoso honor de encabezar junto con Grecia el escalafón europeo en la materia, muy por encima de países rescatados como Portugal, Chipre o Irlanda.

Si ha habido algún tipo de recuperación de competitividad o incremento de productividad, cosas que están por demostrar, sólo ha sido como consecuencia de que los trabajadores españoles, gracias a la reforma laboral, han sufrido una considerable disminución de sus salarios (perdón, moderado crecimiento)

Y, desde luego, no queda muy claro qué entiende el príncipe por un sector financiero más solvente y eficiente, pero haría bien en preguntar por ello a los miles de ciudadanos a los que ese sector ha estafado de manera “preferente” y a las decenas de miles de empresarios y trabajadores que han visto cerradas sus empresas como consecuencia del estrangulamiento crediticio.

Sin duda, yo puedo entender que estaba intentando colocar mercancía, pero alguien tendrá que explicar un par de cosas:

Una, la necesidad que había de entrar en cuestiones claramente partidistas, más propias de rajoyes, guindos y montoros, cuando podía quedarse en un papel arbitral e institucional más acorde con su función. De paso, que me expliquen por qué tiene que asumir predicciones de crecimiento a medio plazo cuando todos conocemos la fiabilidad de las mismas.

Y, otra, la enorme falta de sensibilidad que denota la institución monárquica que representa un Felipe de Borbón, alineado públicamente con el discurso que gusta a los poderosos (por ejemplo, Botín) mientras en el país, al que supuestamente representa, más de la cuarta parte de la población malvive por debajo del umbral de la pobreza sin observar, para nada, las maravillas macroeconómicas que pregona su príncipe.

Para empezar, no está mal. Luego vendrá el llanto y crujir de dientes.

Juan Santiago