montoro guindosA raíz del conocimiento que estos días se ha tenido en relación con el diseño de la supuesta reforma fiscal que ha perpetrado el inefable Montoro, vemos cómo se siguen imponiendo las más rancias y viejas teorías del neoliberalismo omnipresente.

Y se nota porque, a pesar del tinte populista que tratan de destacar los aparatos de propaganda al servicio del señor, la realidad es que la base de todo está en las rebajas efectuadas, por un lado, en el tipo máximo del impuesto sobre la renta y, por otro, en el del impuesto de sociedades (en favor, sobre todo, de aquellas que tienen un mayor poder de facturación), con lo que, en la práctica, directa o indirectamente, se beneficia a las rentas del capital y a las conocidas como grandes fortunas.

Todo esto no es casualidad ni que Montoro se haya transmutado en el sheriff de Nottingham, sino que supone, simplemente, la aplicación pura y dura de una vieja falacia neoliberal que se ha debido destilar de eso que los cursis llaman think tanks y que no son más que los laboratorios, tipo FAES, en los que maman ideología los cachorros de la loba.

Según esta teoría, bajar los impuestos a los ricos es beneficioso para la economía y los trabajadores

Es ni más ni menos que la vieja teoría del goteo según la cual, bajar los impuestos a los ricos es beneficioso para la economía y para los trabajadores porque, al tener aquéllos más dinero, tendrán una mayor propensión a invertir y esa inversión regará a los estamentos inferiores que, así, verán mejorada su posición.

Lástima que esta ocurrencia haya sido refutada una y mil veces por economistas de todo signo y que una simple comparación entre los distintos períodos históricos demuestre que en aquellos en los que, con predominio político de las fuerzas más a la derecha, este recurso más se ha utilizado, el incremento de la desigualdad y el menor peso de los salarios se han reforzado en beneficio de ese reducido número de plutócratas que nos gobierna (el famoso 1%) y en perjuicio de las masas asalariadas.

El problema es que, gracias a los aparatos de propaganda, las falacias se extienden como mancha de galipote, ocultando la realidad, incluso a los ojos de quienes se ven martirizados por este tipo de políticas.

Escuchaba yo el otro día en una importante cadena de radio a un individuo que, además de demostrar su consistencia alardeando de haberse enriquecido y arruinado varias veces, se mostraba muy ofendido porque la reforma no había tenido en cuenta, ofertándoles un tratamiento fiscal privilegiado, a los inversores extranjeros que pretendían dedicar parte de su fortuna a comprar o construir grandes mansiones. Y argumentaba que no debían pagar impuestos porque esos prohombres creaban riqueza y empleo dado que cada mansión de esas necesitaba al menos de cinco seis personas para su mantenimiento (es decir, para el servicio doméstico). Para entendernos: que el magnate no debe pagar porque bastante hace con invertir y crear un empleo tan cualificado como ese que, este sí, tendrá que pagar impuestos descontándolos de la miseria que reciba, siempre que tenga la suerte de que no le paguen en dinero B o no lo dejen sin cotizar a la Seguridad Social.

O sea, un claro ejemplo de la teoría del goteo al modo más clásico y sangrante que tratan de colarnos conscientes de que, no sólo no produce los efectos beneficiosos para la economía que se pregonan, sino que es sabido que las mermas en la recaudación que automáticamente se originan sólo pueden ser sufragadas mediante nuevos recortes y adelgazamientos del estado los cuales, a su vez, inciden en una bajada en la calidad de los servicios públicos la cual, para más inri, facilita la acusación de ineficiencia de estos servicios y la necesidad ineludible de proceder a su privatización a fin de que los mismos beneficiados por el goteo alcancen satisfacción en su búsqueda de rentas hasta que, una vez expoliados, es imprescindible rescatarlos con dinero público obtenido mediante la emisión de deuda cuyos generosos intereses van a parar a las mismas manos. O sea, la rueda del infierno en versión original de Rajoy, subtitulada por Montoro, con las colaboraciones especiales de Angela Merkel, Mario Draghi y Christine Lagarde y con Luis de Guindos en el papel del lindo Don Diego.

Resulta gracioso comprobar cómo en su desvergüenza y afán electoral, se permiten incluso bromas macabras como es el hecho de espearcir migajas sin trascendencia real para intentar tapar el núcleo duro, o chistes como aquel que diu que se favorece a los autónomos bajándoles tres puntos las retenciones. La gracia del chiste está en que mientras a los de arriba se les rebaja el tipo de manera efectiva, a los autónomos se les deja con el mismo tipo pero quitándoles menos a cuenta. Vamos, que a los ricos se les da dinero del de verdad mientras que a los autónomos se les concede un poquito de liquidez, no vaya a ser que no puedan pagar cuotas e impuestos.

Y todo esto se debe a que son conscientes de que la teoría virtuosa, el verdadero goteo consiste en operar sobre la demanda regando dinero en manos de quienes de verdad consumen, en forma de salarios y prestaciones. Pero claro, el incremento de los salarios debe ser absorbido por las empresas que podrían obtener un menor margen de beneficios – con lo malo que eso es – y las prestaciones deben ser implementadas por un Estado con una musculatura que, por pequeña que sea, intimida a los del 1%.

Así que seguimos con el cuento del goteo que es, en realidad, un auténtico bombeo que traslada el agua de los muchos que hay abajo a los pocos que hay arriba.

Ángel Cano