Hace casi siete meses, en Devaluación interna y pobreza, poníamos de manifiesto que el llamado proceso de devaluación interna escondía, en realidad, una estrategia de empobrecimiento de la clase trabajadora para que, gracias la bajada del coste salarial, se incrementaran los beneficios del capital. Es decir, sencillamente, para que se produjera una redistribución de rentas con traspaso de las del trabajo a las del capital.

A efectos ilustrativos basta comparar los datos del INE en relación con la renta neta disponible: de 2011 a 2012, la remuneración de los salarios disminuyó más de un 5,5% mientras que el excedente bruto de explotación creció más de 1,6%..

En el momento actual, con la EPA del tercer trimestre de 2013 usada de manera triunfalista, comprobamos que en España se vive no ya un proceso de devaluación interna sino de auténtica devaluación social.

De esta EPA se desprenden datos estremecedores:

Antes de nada, el dato desestacionalizado que revela que el paro ha crecido en lugar de disminuir y, además, rompiendo una racha descendente de siete trimestres.

Por otro lado, la constatación de que en los últimos doce meses se ha perdido casi medio millón de empleos y de que la población activa, en el mismo período, ha disminuido en más de 370.000 personas.

Con respecto al mismo trimestre del año anterior, la tasa de actividad ha disminuido y la tasa de paro ha aumentado

Lo más importante, desde el punto de vista de la devaluación social de la que hablamos, lo supone el aumento de la precarización que revela el hecho de que, del conjunto de los asalariados, los que tienen contrato indefinido son 150.000 menos que en el trimestre anterior mientras que son 170.000 más quienes tienen contrato temporal. En el último año, pasan de cuatrocientos mil los contratos indefinidos perdidos.

Si ponemos este último dato en relación con el concepto de ocupado que se utiliza (persona de 16 o más años que durante la semana anterior a la realización de la encuesta ha estado trabajando durante al menos una hora, a cambio de una retribución) nos daremos cuenta de la calidad del trabajo a la que hemos llegado.

Y, por último, un dato que afecta al colectivo de parados mayores de 54 años, que forma una gran bolsa con el retorno al mercado de trabajo prácticamente cerrado, con edades de jubilación cada vez más lejanas y con el fin de los subsidios a la vuelta de la esquina. Este colectivo aumentó en casi punto y medio en el último trimestre y casi un 15% en el último año hasta pasar de los 575.000.

La realidad es la de un país con una gran masa de desempleados que se utiliza para abaratar y desregular el uso de la fuerza del trabajo y en el que la auténtica creación de empleo, en condiciones de dignidad, es descartada por los poderes públicos por no servir a los fines de los poderes dominantes.

El problema es que un país así, devaluado socialmente, es un país que se desestructura con una enorme facilidad y que se convierte en un caldo de cultivo perfecto para la aparición de fenómenos indeseables. Veremos.

Por cierto, otro dato, antes de terminar: esta exitosa reducción que se pregona es prácticamente igual a la que se registró en el tercer trimestre de 2010, cuando gobernaba Zapatero. Eso sí, con una tasa de paro por debajo del 20%.

Ángel Cano