banco de españaUna de las estafas más simples que han operado en el sector financiero, a nivel global, pero con una gran incidencia en España, ha sido esa verdad revelada según la cual era necesario que las entidades bancarias acometieran procesos de fusión o absorción para adquirir un tamaño que las hiciera competitivas.

Otra vez el gran becerro de oro de la competitividad como el dios al que adorar siempre y en todo momento.

Era la traslación al mundo de los bancos del famoso dicho de burro grande ande o no ande. Lo importante era el tamaño independientemente de la funcionalidad, de las extrañas mezclas de balances o de que, como diría la Sra. Botella, se sumaran peras y manzanas.

Y a ello se aplicaron con especial denuedo los prebostes bancarios, empezando por aquellos a los que hacíamos mención en “Nostalgia financiera”. Y a fe que lo consiguieron, aprovechando, de paso, para quedarse a precio de saldo con una banca pública que funcionaba de manera mucho más eficiente de lo que ellos sostenían y que, ahora, tanto echamos de menos.

Lo de la apropiación de las Cajas y su bello proceso de fusiones y ventas al peso vendría después.

Pero efectivamente, lo consiguieron. Lograron hacer desaparecer un buen número de entidades pequeñas, próximas al cliente, con segmentos de mercado muy claros y que dominaban perfectamente pero que, precisamente por eso, suponían un estorbo para los grandes tiburones que querían hacerse competitivos y formar manada con los otros tiburones “globales”.

El problema era que, en realidad, no querían hacerse competitivos, sino que lo que pretendían era, sencillamente, lo que han conseguido con precisión milimétrica. En primer lugar, obtener poder. Grandes entidades con gran capacidad de captación de voluntades políticas que iban consiguiendo la capacidad desreguladora que necesitaban para la libre comisión de sus fechorías. Y a partir de ahí, a arrasar y a amasar ingentes fortunas, prácticamente libres de impuestos, con una convicción absolutamente clara y definida: Somos tan grandes que nos hemos convertido en “sistémicos” y, como no nos pueden dejar caer, alguien vendrá a pagar la cuenta de la fiesta. Brillante. Como dice Juan Laborda “aplicando el principio “demasiado grande para quebrar”, se crearon auténticos monstruos que acabarían devorándonos a todos”

El panorama es desolador porque, en la práctica, han acabado con un sector bancario fragmentado, que competía entre sí y que se veía obligado a llevar a cabo prácticas ortodoxas porque, en caso de errores o dificultades, los pagaba con sus propios recursos o su desaparición. En su lugar, nos encontramos con un auténtico oligopolio bancario con tres grandes entidades lastradas por una burbuja inmobiliaria que, a diferencia de la burbuja tecnológica, está soportada por todos aquellos a los que engañaron con el paraíso enladrillado pero que, en depresión, con un desempleo desbocado y, por tanto, con un hundimiento aplastante del consumo, se traduce en elevadísimos índices de morosidad que pueden conseguir que todo estalle en mil pedazos.

Pero ¡qué mas da! Lo más importante era que el burro fuera grande. Que sepa andar o no, eso es cosa del mercado que todo lo arregla. Bueno, del mercado o del Banco Central Europeo que puede volver a darle a la máquina y abrir la ventanilla, repleta de supuesto dinero gratis, para que, a su vez, se lo volvamos a prestar al Estado con un beneficio razonable y así todo vuelva a empezar y se hinche un poco más eso que Laborda llama “la madre de todas las burbujas”.

Ángel Cano