merkelHace unos días en “Europa es el problema” se ponía de relieve en este mismo medio que los “desequilibrios” que padecemos son la consecuencia directa de la aplicación de unas políticas impuestas por las fuerzas dominantes en el esquema de la Unión y apuntaba también como barbaridad y despropósito esa actitud pendular de acción/inacción que ha mantenido Alemania para proteger a sus entidades financieras.

A partir de ahí, hoy, a la luz de los últimos comportamientos mantenidos por los dirigentes alemanes, creo que no es una exageración afirmar que Alemania se ha convertido en el verdadero problema del proyecto europeo.

Y esto es así por varias razones. La primera es de orden teórico, ideológico y, si me apuran, casi religioso, y viene derivada de una concepción que no me importa calificar de totalitaria, tomando el sentido más clásico del concepto y teniendo en cuenta que estamos ante un estado, que es sólo una parte de la Unión, pero que se comporta como si fuera el único depositario del poder y de la verdad, impidiendo la libertad de los otros estados y controlando todos los mecanismos de dicha Unión.

La segunda razón, que deriva de la anterior, es una actitud de prepotencia y de “ninguneo” hacia el resto de los socios y, muy especialmente de los del sur, que le lleva directamente al desprecio de estos y a proponer supuestas soluciones para los “pobres” que, en la realidad, buscan el propio beneficio y el aumento de la brecha de poder y riqueza que ya existe con ellos.

No de otra forma se pueden entender actitudes como la del ministro Schäuble riéndose públicamente del ministro español (el mejor ministro español de Economía, dijo a los periodistas que preguntaban a Guindos) y estas últimas propuestas relacionadas con el desempleo juvenil que, encima, han dado lugar al agradecimiento servil de la ministra Báñez.

Si no fuera porque no tiene ninguna gracia, se podría considerar una auténtica genialidad eso de arbitrar un fondo europeo para subvencionar a los que den empleo a los jóvenes españoles… en Alemania. Es decir, que nos podemos encontrar ante empresas alemanas que reciban fondos europeos para llevarse a poco coste a los mejores jóvenes españoles y descapitalizar, así, al estado español de un conocimiento que le costado años y recursos conseguir. Un mecanismo, como se ve, fantástico para aumentar la brecha entre Alemania y los demás y seguir creando desigualdad y frustración.

O esa otra genialidad de que un banco ¡público! alemán preste a nuestras empresas aquí, en España, después de habernos convencido de que la banca pública es ineficiente (hay que recordar que regalamos la que teníamos y que podía estar ahora canalizando crédito a las pymes), ellos, cargados de Cajas Regionales a las que han excluido de los controles y pruebas de esfuerzo.

Tiene mucha razón Tsipras, el lider de Syriza, cuando dice que los auténticos europeístas son los que se oponen a un proyecto basado en la desestructuración social, los que abogan por una alianza con los ciudadanos y no con los financieros y los que promueven una Europa regida por auténticos valores democráticos y de solidaridad.

Frente a todo ello, está hoy la Alemania aliada con la plutocracia que no piensa más que en la cuenta de resultados de sus banqueros y de que salgan de las burbujas que ayudaron a crear. Una Alemania regida por unos dirigentes a los que poco o nada importa el sufrimiento de millones de europeos del sur a los que está condenando a la pobreza y a la exclusión social. Unos dirigentes a los que no hemos elegido y que están gobernando no sólo los destinos de su país sino también nuestra vida y nuestros intereses.

Ciertamente, el problema de Europa no está al Sur. Alguien sobra en esta Europa y a lo mejor no somos nosotros.

Ángel Cano