las uvas de la iraCon la consolidación en el poder de estos tecnócratas de caracolillo en el cogote que son apóstoles del pensamiento único, ha llegado hasta nosotros, como azote añadido, un lenguaje plagado de palabros y eufemismos que busca, como todo argot, que el que lo escucha nunca llegue a entender el sentido último y real de lo que se dice.

Hasta tal punto esto es así, que va a ser necesario crear un nuevo diccionario tecnócrata-liberal en el que el pobre mortal pueda consultar qué quiere decir en cada momento el supuesto sabio del ricito cogotero.

Uno de los conceptos más usados en los últimos tiempos y que se repite como un mantra para que se asuma como inevitable, es esto de la “devaluación interna”. El contexto de la frase suele ser algo así: “Es imprescindible un proceso de devaluación interna para que se produzca un aumento de la competitividad”, en el caso del inefable Hans-Werner Sinn, se alude a una necesidad para España de 10 años de austeridad hasta llegar al 30% de devaluación interna.

Pero, ¿qué quieren decir con esto de la devaluación interna? Pues muy sencillo y en román paladino: que, según ellos, para que la economía (su economía) sea más competitiva, los ciudadanos, los trabajadores de este país tienen que ser más pobres y ganar menos. O, en términos marxistas, que los trabajadores se empobrezcan cediendo al capital una buena parte de las plusvalías que generan.

Y, curiosamente, hablan de devaluación interna cuando el auténtico mecanismo interno de devaluación era el que teníamos antes de entrar en el euro. Fuera de la moneda única, para obtener competitividad, el Banco de España le daba a la máquina de hacer dinero y bajaba el tipo de cambio. Hoy, cuando le hemos dado la máquina de hacer billetes al Banco Central Europeo y hemos perdido la capacidad de hacer devaluaciones monetarias para ganar competitividad, a estos gurús del libre mercado lo único que se les ocurre es que baje el valor de la fuerza del trabajo para que las empresas tengan costes más reducidos y puedan así ganar dinero. Todo muy limpio y sencillo.

Pero, ¡ojo! Esto no es un ejercicio teórico, este empobrecimiento de la masa trabajadora, esa devaluación interna de España, ya se está produciendo y a un ritmo más que importante porque en sólo tres años, desde el cuarto trimestre del 2009, el coste laboral de las empresas, incluido el efecto de la inflación, ha disminuido en un porcentaje próximo al 10%. Es decir, que los trabajadores de este país, sin entrar a considerar las subidas de impuestos o las pérdidas de servicios públicos, se han empobrecido por pérdida directa en sus salarios a razón de más de un 3% anual. Buen ojo el de Sinn, diez años al 3, el 30, aunque, con el acelerón que ha pegado el descenso en el coste laboral en el cuarto trimestre de 2012, nos ponemos en ese 30% en menos de siete y así se queda tranquilo. Por cierto, mientras tanto, los costes salariales de Alemania siguen creciendo a la vez que se siguen financiando por debajo del 1,5.

Y eso sin contar con que esa es la media de todos los sectores, porque si nos fijáramos sólo, por ejemplo, en los empleados públicos, veríamos que se duplican las cifras.

En definitiva, que, como siempre, esto es muy sencillo. Cuando oímos que alguno de estos prebostes se saca uno de estos eufemismos de la boca, lo primero que hay que hacer es echarse la mano al bolsillo aunque no entendamos qué es lo que quiere decir. Lo que va a pasar, con toda seguridad, es un movimiento de redistribución de rentas.

Ahora, hagamos un ejercicio de agudeza visual y adivinemos hacia dónde va a ser.

Ángel Cano