merkelLo último que nos faltaba era asistir a un acto de propaganda electoral por parte de Frau Merkel en forma de entrevista y celebrado ante las audiencias millonarias de un selecto grupo de periodistas pertenecientes a influyentes medios de comunicación europeos que es, en realidad, una nueva y más aséptica forma de celebrar un “mitin global”, dirigido más al consumo interno alemán y en el que quiere aportar a los suyos la imagen de respetable estadista europea que dicta los caminos que han necesariamente de recorrer los PIGS.

Todo el contenido del mitin es una dosis masiva de los lugares comunes por los que transita la ortodoxia neoliberal, a la que se añade esa suficiencia adoctrinadora que, en el fondo, a lo que aspira es a una especie de calvinismo pangermánico al que han de convertirse los herejes del sur si quieren acceder al paraíso de su Europa.

Analicemos unas pocas de sus afirmaciones:

“Cuando en los países en crisis se reduce por necesidad un sector público hinchado, cuando se contrae un desmesurado sector de la construcción, no es de extrañar que de entrada en el país afectado no pueda existir crecimiento.”

Naturalmente, Frau Merkel. Es sabido que, cuando un país elimina de manera brusca la práctica totalidad de la inversión pública, no es que no exista crecimiento, sino que se destruye, por vía directa e indirecta, una buena parte del tejido productivo existente, con todo lo que ello acarrea en destrucción de empleo y pérdida de consumo. Si a ello le añadimos lo del “desmesurado sector de la construcción” que fue alimentado por la codicia de los bancos alemanes, el efecto multiplicador es apabullante. Aunque lo mejor del discurso está en las locuciones adverbiales: ¿quién dicta, y por qué, que la reducción del sector público debe realizarse “por necesidad”?, respóndanse ustedes mismos. Y el colmo de la desfachatez que supone mostrar extrañeza ante el hecho de que en el país afectado no pueda existir crecimiento “de entrada”. Hombre, de entrada, llevamos ya cinco años y sin visos de parar, gracias, en buena medida, a esas recetas a las que no parece dispuesta a renunciar.

Recetas que se explicitan en el credo impuesto y que repiten como alumnos aventajados buena parte de los monaguillos que ofician también en este país las celebraciones merkelianas:

otro factor igual de importante es la competitividad del país, su tejido industrial, si cuenta con una administración eficiente. Conviene tener en cuenta que no haya un fuerte desajuste entre la evolución de los salarios y la productividad. Todo esto nos quedó claro en Europa con el impacto de la crisis. Era evidente que las cosas no podían continuar así. Por eso el camino emprendido es correcto: consolidación presupuestaria, por un lado, y profundas reformas estructurales, por otro. Así se genera un crecimiento sostenible”

Ahí está todo: supuesta eficiencia de la administración que equivale a eliminación de servicios públicos para que sean ocupados por los sectores financieros dominantes, ajuste de los salarios para ganar una presunta competitividad, pero sin hablar para nada de ajuste de beneficios empresariales o mejoras en la productividad del capital y, ya se sabe, consolidación presupuestaria, es decir, reducción del gasto público y profundas reformas estructurales, o sea, desregulación y desaparición de las conquistas sociales. Todo ello, como hemos visto en estos últimos cinco años para generar un “crecimiento sostenible”.

Sin embargo, lo más lacerante es la naturalidad con la que se acepta como inevitable que los paganos sean las clases más desprotegidas y desfavorecidas:

“Lamento que a menudo sean precisamente los que no tuvieron nada que ver con esos errores, los jóvenes y los más desfavorecidos, quienes hoy más padecen las consecuencias. Con frecuencia, las personas con capital ya hace tiempo que han salido del país o cuentan con otras posibilidades para protegerse.”

Sólo le falta añadir aquello de “¡Qué se le va a hacer! ¡Así es la vida!”.

Por lo menos aquí en España, sus seguidores se expresan con más claridad y contundencia en el Parlamento para que se les entienda: “¡Que se jodan!”

Ángel Cano