Siguiendo con el catálogo de políticos actuales, si el otro día describía en La política de los “walking dead” a un tipo de político zombie que deambula como alma en pena por territorios que no comprende, hoy me gustaría traer a un tipo bien distinto: los “Castafiore”.

Ah! Je ris de me voir si belle en ce miroir dice Marguerite en el Aria de las joyas del Fausto de Gounod (Río al verme tan bella en este espejo) que, como saben los tintinólogos, es la pieza básica del Ruiseñor de Milán.

Si los zombies son políticos crepusculares que vagan como sonámbulos o sonados, los descendientes de la excelsa Bianca Castafiore tienen como una de sus más importantes señas de identidad el estar encantados de reconocerse tan apuestos y con tanto empuje cuando se miran por las mañanas en el espejo.

En realidad, su día introspectivo acaba ahí porque, a partir de ese momento, despliegan una actividad presuntamente frenética y marcada por el contacto, la sonrisa y la palmada siempre que el interlocutor forme parte del insigne cuerpo de palmeros.

Si el zombie se refugia en la melancolía de la vida anterior, el “castafiore” está investido por el ansia de un futuro que no entiende sin que él esté colocado en lugar preeminente. No lo busquen ustedes sólo en una parte determinada del espectro político porque este tipo, generalmente cargado de hueca osadía, es, como se dice ahora, transversal. Es decir, que, como moderno Van Helsing, clava estacas tanto en muertos vivientes de izquierda como de derecha siempre que entorpezcan su rápido deambular.

Nuestro héroe político de hoy no sabe que el tiempo pasa despacio en Syldavia y que allí no hay falsa pasión ni desiertos, olvida que el cetro de Ottokar finalmente no cayó en las crueles manos de Borduria y que los buenos siempre ganan. Bueno… más bien ganaban. Eran otros tiempos.

Leopoldo Buiza

Ya que hablamos de Gounod,  su Fausto y l’Air des bijoux, aquí os dejo la maravillosa versión de María Callas

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